Crear una empresa, es antes que nada un asunto de intuición. Intuición que uno tendrá la capacidad de formar un equipo y de dirigirlo. Será necesario aglutinar energías y captar la confianza de hombres y mujeres en torno de un proyecto, asegurar, estimular, pero también controlar y hacer muestra de autoridad.
Es también tener la convicción que el producto o el servicio que nos proponemos crear y de comercializar encontrará su lugar en el mercado.
Es también la intuición que sabremos anclar el navío en los momentos difíciles, tomar rápidamente les buenas decisiones, en una palabra: afrontar.
Es también un asunto de recursos, comenzando por lo que uno mismo invierte en la empresa. Esto testimonia el compromiso personal del dirigente.
Pero será necesario, casi siempre, tener recursos y financiamiento exterior y para eso convencer, realizar trámites, obstinarse.
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